Foto: Jorge Huerta
Las raíces de mi piel
Foto: Jorge Huerta

POR MELINA MORQUECHO/ informatePR

 Mis ojos se humedecen y se empañan, mil pensamientos cubiertos de intensa bruma me golpean al alba, estoy sedienta entre paredes  que ahogan el latido palpitante de mi corazón, escucho las suaves gotas que mojan y cubren uniforme césped y pavimento, el movimiento matutino penetra en mi cerebro ahuyentando el agónico reclamo de mis recuerdos.

                              Mi cuerpo reposa inerte, soy un náufrago mirando al horizonte de lo profundo, con la calma y certidumbre que el impasible tiempo me otorgó; me lastima la verdad de la distancia, el lapso intenso de este recorrido, la promesa incumplida… la inmensidad de este silencio.

                              En mis alboradas de lamento te busco y te comprendo, tu cuerpo con mis manos, es mi cuerpo, en el colmo de mi caricia, tu boca viene a mi encuentro; tu espectro me responde ardiente y me tolera, me embriagas… te hago eterno, nada importa todo el tiempo transcurrido, arranco tu pasado, eres solo viento en  vaivén que se mueve suave y lento, colándose a las raíces de mi piel. 

                              Me siento en el extremo del vagón que lleva al fin del mundo, voy hasta la noche de la despedida, a los días del paraíso reverberante de palabras, de calles  y callejones, mudos testigos cómplices de amor con prisa en la cálida estación de tu verano.

                             Despierto y me sorprendo, ¡Tu cuerpo, en otro cuerpo, no es mi cuerpo!, una puerta se abrió y se cerró tras de la otra, el sol llegó abrazante, las estrellas se fugaron y el templo perdido de nuestros sueños se quedó en cimientos… Me ciño a tu recuerdo, pero la desesperanza florece en mi pasión dormida, amenazada por el monstruo de las leguas cargado de cadenas, sonando a muerte, oliendo ha ausencia.
                  
                              Cada noche es una profecía atada de recuerdos que echaron raíces profundas, ¡que quisiera arrancarme! pero que despiertan cada  alborada… cuando la noche termina me incorporo, me veo al espejo y no reconozco mi rostro ausente… me observo incompleta, abandonada en un retablo de pequeños cuartos, de frases tempranas, de caricias ligeras, lugares donde seguiré sentenciada viviendo presa nuevamente en el caos del amor y la pasión. (informatePR 2005)